EDITORIAL: Abriendo la mano Deuteronomio 15:7-8
NOTA DEL EDITOR: La columna First-Person (De primera mano) es parte de la edición de hoy de BP en español. Para ver historias adicionales, vaya a
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NASHVILLE (BP) -- ¿Alguna vez en la vida ha sido usted bendecido por alguien? ¿Ha recibido por la generosidad de alguna persona, algo que necesitaba y por lo cual habÃa estado orando?
Estas preguntas son un poco raras. Por lo general las personas acostumbran a hablar de las ocasiones en las que han podido ayudar y servir de bendición a otras personas. En muy pocas ocasiones se habla de aquellas experiencias en las que fuimos bendecidos por otros. Hoy quiero hacer una excepción.
Yo fui el recipiente de la generosidad y el amor de un grupo de hermanos y hermanas de una iglesia que existÃa en la ciudad de Albuquerque en el estado de New Mexico, que se sintieron llamados a dar con generosidad, más allá de lo que tenÃan, para servir de bendición a un extranjero recién llegado, a quien nadie conocÃa en aquel lugar.
Llegué hasta aquella iglesia un miércoles en la noche y durante el culto de oración solicité que oraran por mÃ. Eso fue todo cuanto pedà a aquella congregación. Yo tenÃa una visa, por lo que no era ilegal, pero habÃa decidido no regresar a mi paÃs natal en donde habÃa sufrido vejaciones, maltratos y persecución polÃtica, por lo que habÃa venido con la intención de solicitar asilo polÃtico en los Estados Unidos de América.
Esto que se escribe y lee muy rápido y con tan pocas palabras, fue un proceso largo que tomó varios meses. De niño, aunque era muy pobre, me enseñaron a no pedir y de adulto seguà con esa costumbre. Solo que en esta ocasión, yo poseÃa absolutamente nada. Todas mis propiedades se reducÃan a un par de mudas de ropa, unos cuantos libros en español, los conocimientos que tenÃa en mi cabeza, una gran fe en mi Señor y Salvador y un gran montón de sueños.
Una vez iniciados los tramites de asilo polÃtico, mi estatus migratorio cambió por lo que no se me permitÃa trabajar hasta que el Servicio de Inmigración revisara y aprobara mi solicitud. Decir que en esos momentos confiaba plenamente en que Dios suplirÃa mis necesidades serÃa mentir. No tenÃa idea de qué podÃa hacer para salir de la situación en la que me encontraba. No tenÃa dinero, no podÃa trabajar, no tenÃa familiares ni amigos en los Estados Unidos a los que pudiera pedir ayuda y ni siquiera podÃa comunicarme adecuadamente en inglés.
Pero Dios fue fiel a sus promesas y suplió todas mis necesidades sin que yo siquiera se lo pidiera. No fueron hechos casuales, ya que cada uno de ellos fue ejecutado por hermanos o hermanas que haciendo un sacrificio, en un momento determinado se sintieron motivadas a ayudarme, sin saber siquiera qué necesidades yo tenÃa.
Nunca podré olvidar el dÃa que el pastor de la iglesia tocó a la puerta del pequeño apartamento (eficiency) que un grupo de personas me habÃa rentado con dinero que habÃan colectado entre personas que nunca me habÃan visto ni me conocÃan. Aquel dÃa en particular, desde el amanecer yo habÃa estado leyendo una Biblia que me habÃan regalado. TenÃa hambre y mucho frÃo y dentro del refrigerador solo habÃa un pomo con agua, en los armarios, solamente habÃa cucarachas, pero estas no son buenas para comer. En esas condiciones no es muy estimulante salir a caminar por lo que yo estaba arropado con todo lo que tenÃa para combatir el frio que me hacia tiritar leyendo la Biblia tratado de encontrar respuestas a las preguntas que llenaban mi cabeza.
Tony que era el pastor de la iglesia, llegó cargando una gran caja llena de provisiones, él no sabÃa por qué estaba allÃ, y se disculpó por su acto de venir sin avisar, aunque no era posible avisarme ya que no tenia teléfono; Yo sabÃa que Dios lo habÃa enviado ese dÃa para proveer para mis necesidades. Tal vez él nunca lo supo, pero su acción motivó que yo alabara y aun alabe a Dios por aquel hecho.
DÃa tras dÃa, durante mucho tiempo, un enorme grupo de personas humildes bendijeron mi vida con ayudas materiales y espirituales. La impresión que produjeron en mà fue tan grande que desde hace muchos años, cada dÃa le pido a Dios que yo le pueda servir de bendición a alguien en ese dÃa, que yo pueda servir a alguien de la misma manera que aquellos amados y nunca olvidados hermanos y hermanas me bendijeron durante aquellos meses.
Podemos servir de bendición con recursos, pero también con una palabra de aliento, con un consejo, con una oración, con una sonrisa, con un poco de amor, mostrando misericordia, perdonando, no dando lugar a los chismes y cometarios, trabajando y sirviendo a los necesitados.
La lista es interminable. Pero déjeme terminar diciendo que aquellos hermanos de Albuquerque hicieron posible que sus nombres se grabaran en oro en mi corazón para siempre y que cada dÃa yo le dé gracias a Dios por ellos. Algunos ya están en la presencia del Señor y otros no sé qué ha sido de ellos, pero estoy lleno de gratitud por ellos y mi corazón alaba a Dios cada dÃa por lo que hicieron conmigo.
Una vez más se ratifican los versos del viejo himno que dicen: "Nunca esperes el momento de una gran acción, ni que lejos pueda ir tu luz. En la vida, a los pequeños actos da atención y brilla en el sitio donde estés."
Óscar J. Fernández es Senior Editorial Project Leader para Multi-language Publishing, en LifeWay Church Resources Division, LifeWay Christian Resources en Nashville, TN, es además escritor independiente y estudioso de la Biblia. Su blog http://estudiandolabibliaconoscar.blogspot.com tiene seguidores en 45 paÃses.
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